EL VERDADERO DEBATE ES CULTURAL

Traigo a colación un artículo de mi compañero y abogado JOSE MARIA MUGURUZA, el cual lo suscribo totalmente y además yo sí que conocía a Chuneta, vaya en memoria suya y de los valores que defendía y que suscribo totalmente.

“Mientras la cristianofobia se hace ley, el duelo por una persona nos ha recordado el valor de la verdad.

Supongo que todos ustedes coincidirán en que vivimos en un estado de confusión e incertidumbre tales que nos priva de la ayuda de unas referencias sólidas para permitirnos una vida personal y social sin sobresaltos permanentes, lo que hace absolutamente necesario un análisis profundo de la situación para llegar a decisiones que tengan el alcance necesario para ello.
A mi juicio, la razón está en que no se ha explicado de forma satisfactoria la verdadera naturaleza de la crisis por la que estamos atravesando. Se nos habla de una crisis económica, de una crisis política, de una crisis demográfica, de una crisis familiar, de una crisis de justicia, de una crisis de comportamientos públicos, etc. cuando la verdad es que estamos ante una sola crisis, una crisis total que se extiende a toda clase de actividades por la sencilla razón de que está en la propia condición humana, en la pérdida de principios y valores fundamentales en las personas, que somos el factor común y protagonista principal de todas ellas.
Por eso digo que el gran debate que estamos viviendo es de carácter cultural, sobre el modelo de vida de la persona y de organización de la sociedad, porque los protagonistas del nuevo orden establecido quieren sustituir en el mundo occidental un modelo de inspiración esencialmente cristiana por otro de signo puramente relativista, sin verdades objetivas ni referencias permanentes, de forma que cada uno se las pueda fabricar a su propia conveniencia.
Pero esto no se dice abiertamente así y lo que se está haciendo es desmontar pieza por pieza los fundamentos de nuestra cultura tradicional cristiana, acompañando siempre cada paso de una falsa justificación destinada a edulcorar cada uno de estos avances, sustituyendo la verdad por la mentira llamada. posverdad, las obligaciones por falsos derechos y otros artificios similares. Si tomamos como ejemplo a España, se han dado ya o se anuncian pasos como los siguientes: el aborto se ha convertido en un derecho, el matrimonio ha quedado desnaturalizado, cualquier forma de convivencia puede considerarse una familia, la ideología de género se impone en la educación, la eutanasia tendrá próximamente entrada en el Congreso de los Diputados y la libertad religiosa va a ser objeto de una ley cuyo objetivo será, sin duda, avanzar en la erradicación del cristianismo.

Todo esto, además de una multitud de atentados contra símbolos cristianos y lugares de culto, es pura cristianofobia y va camino de adquirir rango de derecho positivo por impulso o anuencia de todos los partidos políticos, cuya obligación es decirnos con claridad que lo que persiguen es un cambio de modelo cultural y la nuestra prepararnos para afrontar este debate.
A este fin, quienes seguimos creyendo en la religión cristiana y en el modelo cultural que de ella ha emanado e inspirado nuestra sociedad, nos hemos visto fuertemente reforzados con ocasión del duelo subsiguiente al fallecimiento de una mujer ejemplar. Conocida por sus allegados con el apelativo cariñoso de Chuneta, su recuerdo ha promovido una movilización de tal importancia que los actos celebrados en su memoria en la ciudad de San Sebastián, han desbordado cualquier clase de previsiones. Yo no la conocía personalmente, pero el recuerdo que ha dejado me ha producido una fortísima impresión, máxime al constatar un sentimiento unánime de admiración hacia su ilimitado sentido de servicio, al cual me adhiero de todo corazón.
Sus profundas convicciones religiosas se tradujeron a lo largo de su vida en ese ilimitado sentido de servicio, manifestado en innumerables actividades de todo orden, especialmente para su parroquia y para su diócesis -a cuyo frente se encuentra monseñor Munilla, siempre impecable en su magisterio doctrinal y valiente en su acción pastoral- de forma que nos ha recordado a todos el valor de la verdad y la necesidad de orientar hacia ella nuestras vidas, aunque no podamos ni aproximarnos tan siquiera a la medida en que ella lo hizo.
Nuestra obligación es fortalecer la convicción de que la verdad está en defender la vida y la dignidad de las personas, la fortaleza del matrimonio y de la familia, la formación integral de la persona, el sentido de servicio como norte de la vida pública y privada, así como nuestro compromiso personal, familiar, profesional y comunitario.
Pero además, el testimonio de Chuneta nos ha recordado también las enormes capacidades de la persona. Es muy frecuente oír y pensar que una persona se encuentra totalmente impotente ante una moda dominante tan poderosa como la que nos ha invadido, pero ella nos ha demostrado lo contrario y nos ha puesto de manifiesto el enorme potencial que cada persona encierra en sí misma, por lo que su obligación es activarlo.
Y este es el gran debate cultural al que antes me he referido y al que nos enfrentamos actualmente: se quiere erradicar nuestra cultura cristiana para imponernos otra de carácter relativista. Es así de claro, aunque nos lo quieran disimular, y así debemos afrontarlo con la determinación de que cada uno de nosotros sea capaz de desarrollar. Puestos a elegir, yo no tengo duda. Me apunto a la opción que nos deja el recuerdo de Chuneta.”

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